domingo, 8 de julio de 2012

Rajoy y el Códice Calixtino


Con este título, que podría ser perfectamente el de una taquillera película de aventuras, quiero hacer una pequeña reflexión sobre nuestro presidente. Se puede contar con los dedos de una mano las veces que Mariano Rajoy se ha dirigido a los medios españoles desde que está en el Gobierno.  La última fue cuando salió el día antes del partido ante Italia de la primera fase para hacernos creer que el rescate a la banca era un éxito rotundo. Esta no la tenía prevista, se vio obligado a hacerla por la presión social, ya que muchas personas se sintieron indignadas de que el mismo fin de semana donde se concretó el rescate de la banca española su presidente se fuera a Polonia a ver un partido de fútbol. Parece ser que el criterio que sigue nuestro presidente para comparecer ante la prensa parece un poco aleatorio, a pesar de que acaba en todas ellas leyendo el guión de siempre.

Pero no solo de comparecencias ante los medios trata esta entrada. Rajoy se ha caracterizado por ser un presidente fantasma. Pasa la mayor parte de su tiempo dando explicaciones fuera de España y emplea pocos segundos de su tiempo en dar explicaciones a los españoles. Ni siquiera a las personas que le votaron, electorado que siempre se ha caracterizado por ser muy fiel y votar siempre por su partido pero que necesitan renovar su confianza. En cambio, permite que su ministro de Economía sea el que anuncie medidas tan graves como el rescate de miles de millones a la banca, o a la vicepresidenta anunciar unos paquetes de medidas  de recortes por los que el mismo PP habría crucificado al anterior presidente si no los hubiera presentado en persona. Parece que la mayor preocupación del Gobierno es evitar que Rajoy y el partido se desgasten demasiado tras todas estas medidas impopulares, y es por eso que se evita todo lo posible que sea el presidente el que dé la cara, para que se asocie lo menos posible todos estos recortes a este Gobierno, y como ha ocurrido con la famosa campaña de la herencia recibida, se cree la ilusión de que absolutamente todo esto se hace por culpa del anterior Gobierno y que es la única solución posible. Tal es esta fijación por conservar la confianza en el partido que los presupuestos generales del Estado (y por ende, los recortes) se retrasaron hasta 3 meses para no perder las elecciones andaluzas. Estas son acciones que perjudican a España. A España sí, esa España por la que tanto presumen que se preocupan y a la que quieren devolver todo su esplendor.

Fruto de toda esta obsesión por desgastar su popularidad se producen situaciones extrañas. Ha llegado un punto en el cual he dejado de comprender cuales son los criterios de nuestro presidente a la hora de hacer comparecencias públicas. Por ejemplo, hoy mismo ha ido a devolver simbólicamente el Códice Calixtino robado a la Catedral de Compostela, hacerse las fotos de rigor con el arzobispo y a dar un discurso sobre los acuerdos entre Galicia y el arzobispado. Un acto que perfectamente podría haberlo hecho el presidente de la Xunta (que también estaba allí) o incluso uno de los consejeros de la Xunta. Pero no, ha ido el presidente en persona, como si se tratase de un asunto de Estado. Sin embargo, han ocurrido acontecimientos mucho más importantes estos días a los que el presidente no ha acudido y ha enviado en su lugar a dos ministros. Hablo del incendio que arrasó 50.000 hectáreas en la Comunidad Valenciana. Y así lleva siendo toda la legislatura. No se sigue un criterio de prioridades, y se anteponen los resultados electorales a los problemas de la gente. Aunque yo ya no me crea una palabra de lo que diga, creo que el presidente de un país debería de dirigirse al pueblo prácticamente todos los días y recordarles que es por ellos por los que está luchando, no por los mercados o por los bancos…

O espera, quizás sea por eso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario