Hace justo una
semana, el 11 de Julio de 2012, el presidente del Gobierno anunció lo que sería
el mayor recorte en la historia de la democracia. Esto es algo de lo que todos
los españoles estamos al corriente. Lo que pasó desapercibido a la gran mayoría
pero que yo, al igual que otros muchos considero que fue la clave, fue una
parte de su discurso en el que uno de los argumentos que daba para justificar
dichos recortes era que los españoles no teníamos ninguna libertad en este
aspecto, y que era algo que no había más remedio que hacer. La excusa de que lo
haría porque no hay más remedio obligado por la herencia recibida es algo que
ya había utilizado anteriormente, pero era la primera vez que se atrevía a decirles
a la cara a todos los españoles que no tienen ninguna libertad para decidir
sobre su futuro. Hoy, en una nueva comparecencia en la sesión de control al
Gobierno, ha vuelto a insistir en el mismo argumento: “No podemos elegir entre
algo bueno y algo malo, sino entre algo malo y algo muy malo”. Este argumento
empieza a ser utilizado continuamente estos días, y es algo que personalmente
me pone los pelos de punta.
No hace falta ser
muy inteligente para darse cuenta de que desde hace un tiempo (muchos dicen que
todo empezó el 12 de Mayo de 2010, cuando Zapatero anunció el 5% de recorte de
los sueldos a los funcionarios entre otras medidas) España ha ido
progresivamente perdiendo la capacidad de tomar decisiones y está a merced de
Europa, del BCE, el FMI y sobre todo de los numerosos acreedores que han ido
creciendo exponencialmente los últimos 3-4 años, desde que comenzó la crisis.
Una pérdida de independencia del Estado que se ha visto reducida a
prácticamente 0 en los últimos meses de Gobierno del PP. Hoy en día, las
decisiones que toma este Gobierno están dictadas específicamente desde la
Troika, desde fuera de España, de la misma forma que se hace en países
intervenidos como Grecia, Portugal o Irlanda, por mucho que nos intenten
convencer de lo contrario. El “no nos queda más remedio” es un simple eufemismo
para no tener que reconocer que desde fuera, nuestros acreedores nos dicen lo
que tenemos que hacer.
Pero a la pérdida
de libertad del Estado hay que sumar una pérdida mucho mayor: la libertad
democrática. Los españoles votamos una vez cada 4 años y callamos durante todo
ese tiempo, sin tener ninguna oportunidad de decidir sobre los asuntos
importantes en este país. Hace 7 meses votamos de nuevo, y desde entonces no
hemos tenido absolutamente ni voz ni voto en ninguna de las difíciles
decisiones que se han tomado. El asunto es, que una fuerza política que
representa al 33% de los españoles está diciéndonos que no tenemos ninguna
libertad a la hora de elegir, y que estamos completamente a merced de lo que
ellos creen que es mejor para España, y que se traduce en destrucción de
empleo, subidas masivas de impuestos y pérdida de derechos (algunas de las
medidas que han tomado vulneran los derechos humanos y han sido denunciadas por
organismos internacionales). Medidas que la mayoría de economistas objetivos
aseguran que no funcionarán.
Esto no es una
democracia. El programa electoral del PP
que presentó a las elecciones ha sido completamente sustituido por uno nuevo
impuesto sin ningún tipo de consulta a la ciudadanía, abusando de la mayoría
absoluta de la que disponen. Ganaron con unas promesas plasmadas en un programa
electoral que ha resultado ser un fraude, y están gobernando aplicando su
ideología, como hicieron antaño dictadores que fueron elegidos
democráticamente, desde Hugo Chavez hasta Hitler. En esta ocasión es una
dictadura económica y fiscal. Lo mínimo que se le debe de exigir a este
Gobierno es que convoque un referéndum para que los españoles decidamos si
queremos esta senda de austeridad, destrucción de empleo, derechos y
disminución de servicios públicos para pagar las deudas que han creado unos
pocos y en especial el sector financiero, como se hizo en Islandia. Lo moral y
ético sería convocar de nuevo unas elecciones generales donde se votara su
actual programa.
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