martes, 26 de junio de 2012

Tú más. No, tú más


En España, nuestros políticos saben muy bien cómo hacer política, pero son poco menos que inútiles a la hora de atender las cosas para las que realmente han sido votados: escuchar a los ciudadanos y tomar decisiones por y para ellos. La política que se hace en este país entre los dos grandes partidos se limita a una lamentable imitación de un patio de colegio, donde unos se reprochan a otros lo que hicieron en el pasado (o lo que no hicieron), unos criticando lo mal que estamos ahora y otros diciendo que estamos mal porque los otros lo hicieron mal. Y con una vocecilla casi inaudible, el resto de partidos hacen las críticas constructivas y ponen a los dos grandes partidos en su sitio, pero como esto es democracia y aquí puede hacer cada uno lo que quiera, nadie les hace ni caso, porque seamos realistas: en una mayoría absoluta las comparecencias, plenos del congreso y demás engranaje democrático es simple teatro, porque a la hora de votar el resultado va a ser el que el que tiene la mayoría quiera.

Lo que ninguno de estos dos partidos ha hecho ni seguramente va a hacer es admitir sus propios errores. No es muy difícil ver que el gobierno socialista reaccionó tarde y mal con la crisis y agravó la situación ya de por sí complicada, y tampoco es muy difícil darse cuenta que la política de austeridad y contradicción del gobierno actual no es precisamente lo mejor para la recuperación económica del país ni va a sacarnos de la crisis. Y podríamos hacer una lista interminable de errores de unos y de otros, pero este no es el objetivo de esta entrada. Dentro del cáncer de este país que es la clase política, el núcleo se sitúa en los dos principales partidos. Su poder hace que sea prácticamente una utopía que un tercer partido con alternativas a su mala gestión pueda tener peso en la política del país, y la sociedad española no está lo suficientemente deteriorada todavía para exigir un cambio político como el que casi se ha producido en Grecia. De momento nos cuesta mucho más vivir, tenemos muchas menos comodidades y nos cuesta mucho más llegar a fin de mes, pero mientras sigamos teniendo dinero para comer y no nos quiten entretenimientos como el fútbol estos días (el famoso “pan y circo” de la antigüedad), seguiremos sin reaccionar. Hasta que no perdamos lo que todavía nos queda, no seremos realmente conscientes de lo que hemos perdido. Evitar llegar a este extremo es fácil, pero nadie quiere.

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