lunes, 25 de junio de 2012

La última resistencia


“Hazte un blog, hazte un blog, hazte un blog”, “Tio, solo usas twitter para hablar de política y economía, hazte un blog y déjanos tranquilos”  y comentarios similares me han animado a abrir (bueno, mejor dicho reabrir) este blog. Ya lo empecé el año pasado con buenos propósitos pero como siempre, volvieron las clases y todo se quedó en buenas intenciones.

Bienvenidos y bienvenidas a mi blog. No alargaré mucho más mi primera entrada, las presentaciones nunca se me han dado bien. Empiezo a escribir este blog, por una parte para satisfacer un poco mi sueño de ser periodista, y por otra para, ya que la mejor virtud (y normalmente la peor usada) de la democracia es la libertad de expresión, quiero utilizarla para decir exactamente lo que pienso. No elegí periodismo como carrera por una razón bien sencilla (además de que la que elegí me gusta más), y es que el periodismo hoy en día sirve para muchas cosas, menos para contar la verdad. Es cierto que es muy difícil ser totalmente objetivo, y es posible que yo no lo sea del todo en algunas entradas (por algo es un blog y no un periódico), pero el periodismo debería ser utilizado para hacer que la gente conozca todos los datos que quiera y necesite y con eso desarrolle sus propias opiniones e ideas, nada más lejos de la realidad. Mi idea es hacer que la persona que lea este blog se dé cuenta de muchas cosas en las que no se ha parado a pensar. Algunas serán serias, y otras todo lo contrario.

Como dice la descripción de este blog, un atelier es el estudio de un artista, el último reducto que separa su arte de la realidad, y a la vez lo comunica con ella. Está pensado como una última línea de resistencia ante la presión a la que nos someten todo el día para que pensemos lo que quieran que pensemos, un lugar donde opinar lo que uno quiera, pero sabiendo qué es lo que está opinando.

Espero que disfrutéis del blog. Prometo que será mucho menos serio de lo que parece. Lo dividiré en secciones para separar los temas y que el que no quiera saber qué opino de la política por ejemplo, pueda leer otras cosas sin luego perseguirme con una sartén por la calle.

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