sábado, 1 de septiembre de 2012

"No nos queda otro remedio" Capítulo I


“No nos queda otro remedio”, o dicho de otra forma “hay otras opciones, pero no nos interesa hacerlo de otra forma”. En política siempre hay otras opciones, y precisamente el argumento contrario es el que más se utiliza estos días para justificar las medidas que el Gobierno pretende implantar. Ayer leía un tweet en el que decía “La política consiste en tomar decisiones y crear alternativas”. Si hacemos caso a este tweet, Mariano Rajoy lleva desde el primer día de su legislatura muerto (políticamente hablando).

Bueno, si somos fieles a la verdad, una decisión sí tomó: dejarse llevar y tomar el camino fácil. Es muy sencillo tomar las medidas que te dictan desde el exterior y ver cómo tu país se hunde, confiando en que el viento cambie en algún momento, cuando la realidad es que estamos delante de un ventilador enchufado directamente a los mercados. A pesar de que la historia ya se ha escrito, con ejemplos variados como los de Irlanda, Grecia y Portugal donde podemos ver qué es exactamente lo que no hay que hacer, Rajoy hace caso a Europa, al FMI, al BCE y a quien se preste “desinteresadamente” a ayudar y toma medidas que hemos podido comprobar empíricamente que conducen directamente al abismo.

Capacidad de liderazgo y una personalidad fuerte nunca han sido las mayores virtudes de Mariano Rajoy. Quizás esa sea la razón por la que perdiera dos veces las elecciones ante Zapatero, que tampoco era un fuera de serie precisamente en este terreno. Tuvo que esperar a encontrarse una situación de KO técnico del rival y a una incapacidad manifiesta de la sociedad española de apartarse del bipartidismo en el momento de nuestra historia que más falta nos hacía para llevarse de calle las elecciones.

Tendemos a pensar que un Gobierno con mayoría absoluta que se dedica a hacer reformas y tomar medidas durísimas es un Gobierno fuerte, y eso no es necesariamente cierto. Como he dicho antes, es muy fácil tomar medidas que afecten a los débiles cuando tú no eres uno de ellos y tienes la vida solucionada. Lo única dificultad radicaría en tener remordimientos, pero por lo visto esa palabra no entra en sus diccionarios. Un Gobierno incapaz de plantear alternativas y tomar decisiones difíciles que se deja guiar cual marioneta para defender unos intereses que se alejan mucho de los de las personas que les han votado (y mucho más todavía de los que no), no es un Gobierno fuerte. Quizás sea un Gobierno que toma medidas fuertes, duras, pero con una debilidad moral propia de los peores personajes de la historia.

…(Continuará)

Para no aburrir con tanta retórica, he decidido dividir esta entrada en capítulos. Más próximamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario