“No nos queda
otro remedio”, o dicho de otra forma “hay otras opciones, pero no nos interesa
hacerlo de otra forma”. En política siempre hay otras opciones, y precisamente el
argumento contrario es el que más se utiliza estos días para justificar las
medidas que el Gobierno pretende implantar. Ayer leía un tweet en el que decía “La
política consiste en tomar decisiones y crear alternativas”. Si hacemos caso a
este tweet, Mariano Rajoy lleva desde el primer día de su legislatura muerto (políticamente
hablando).
Bueno, si somos
fieles a la verdad, una decisión sí tomó: dejarse llevar y tomar el camino
fácil. Es muy sencillo tomar las medidas que te dictan desde el exterior y ver
cómo tu país se hunde, confiando en que el viento cambie en algún momento,
cuando la realidad es que estamos delante de un ventilador enchufado directamente
a los mercados. A pesar de que la historia ya se ha escrito, con ejemplos
variados como los de Irlanda, Grecia y Portugal donde podemos ver qué es
exactamente lo que no hay que hacer, Rajoy hace caso a Europa, al FMI, al BCE y
a quien se preste “desinteresadamente” a ayudar y toma medidas que hemos podido
comprobar empíricamente que conducen directamente al abismo.
Capacidad de
liderazgo y una personalidad fuerte nunca han sido las mayores virtudes de
Mariano Rajoy. Quizás esa sea la razón por la que perdiera dos veces las
elecciones ante Zapatero, que tampoco era un fuera de serie precisamente en este
terreno. Tuvo que esperar a encontrarse una situación de KO técnico del rival y
a una incapacidad manifiesta de la sociedad española de apartarse del
bipartidismo en el momento de nuestra historia que más falta nos hacía para
llevarse de calle las elecciones.
Tendemos a pensar
que un Gobierno con mayoría absoluta que se dedica a hacer reformas y tomar
medidas durísimas es un Gobierno fuerte, y eso no es necesariamente cierto.
Como he dicho antes, es muy fácil tomar medidas que afecten a los débiles
cuando tú no eres uno de ellos y tienes la vida solucionada. Lo única
dificultad radicaría en tener remordimientos, pero por lo visto esa palabra no
entra en sus diccionarios. Un Gobierno incapaz de plantear alternativas y tomar
decisiones difíciles que se deja guiar cual marioneta para defender unos
intereses que se alejan mucho de los de las personas que les han votado (y
mucho más todavía de los que no), no es un Gobierno fuerte. Quizás sea un
Gobierno que toma medidas fuertes, duras, pero con una debilidad moral propia
de los peores personajes de la historia.
…(Continuará)
Para no aburrir
con tanta retórica, he decidido dividir esta entrada en capítulos. Más
próximamente.
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